La demencia es un conjunto de enfermedades caracterizadas por deterioro cognitivo, es decir, pérdida progresiva de las capacidades mentales.

Aunque lo más conocido es la pérdida de memoria, también pueden afectarse otras funciones como el cálculo, la percepción e incluso presentarse alteraciones emocionales o de comportamiento, tales como depresión, irritabilidad o cambios de ánimo. Según la causa, se pueden acompañar de otros datos como halucinaciones, movimientos anormales, etc.

En etapas avanzadas, la demencia puede provocar la pérdida de habilidades básicas como caminar, tragar o controlar esfínteres, lo que suele ocurrir cerca de la fase final de la vida.



No tiene una sola causa. Puede desarrollarse por:

  • Traumatismos craneoencefálicos (golpes repetidos en la cabeza).
  • Derrames cerebrales.
  • Hipertensión arterial.
  • Enfermedades neurodegenerativas, como:
    • Demencia frontotemporal (como el diagnóstico de Bruce Willis).
    • Demencia asociada a enfermedad de Parkinson.
    • Enfermedad de Alzheimer.

Enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más frecuente de demencia en el mundo, responsable del ~70% de los casos. Afecta aproximadamente al 10% de los adultos mayores de 65 años (unos 55 millones de personas en el mundo). Aunque actualmente no existe cura, en los últimos años se han desarrollado medicamentos que pueden ralentizar la progresión de la enfermedad.

La EA ocurre por la pérdida progresiva de neuronas y sus conexiones. Entre los factores biológicos principales se encuentran:

  • Acumulación anormal de proteínas (Tau y Amiloide).

  • Alteraciones en los mecanismos de defensa del cerebro.

Los síntomas iniciales suelen ser:

  • Dificultad para recordar situaciones recientes (ejemplo: olvidar constantemente llaves, eventos, nombres) y encontrar palabras para expresarse.
  • Pérdida de capacidades del pensamiento como el lenguaje, el razonamiento y la percepción. Repetir preguntas, problemas para manejar el dinero.
  • Cambios en el estado de ánimo: irritabilidad, apatía, depresión, desconfianza.

En las etapas más avanzadas de la enfermedad, las personas pierden incluso la capacidad de comunicarse y pasan la mayor parte del tiempo en cama, dependiendo totalmente de sus cuidadores.


Ambientales y de estilo de vida. Este grupo de factores se conoce como «modificables«, ya que se pueden cambiar o controlar

  • Consumo de sustancias tóxicas (alcohol, tabaco, contaminación).
  • Alimentación poco saludable (alta en carne roja, grasas saturadas y trans, azúcares añadidos, baja en frutas y verduras).
  • Enfermedades crónicas: obesidad, hipertensión, diabetes, colesterol alto, depresión, pérdida auditiva o visual.
  • Nivel educativo. Se ha asociado un bajo nivel escolar con mayor riesgo de demencias.
  • Sedentarismo o poco actividad física. Además, hay estudios que indican que la actividad física de fuerza, es decir, de desarrollo muscular (principalmente en las piernas, como las sentadillas), ayuda a proteger al cerebro del deterioro cognitivo. Por ejemplo, el ejercicio aumenta la producción de una hormona llamada BDNF, la cual ayuda a reforzar los circuitos de la memoria.
  • Sueño inadecuado. El sueño no solo permite al cerebro “descansar”, sino que también es el momento en que elimina sustancias de desecho que pueden resultar tóxicas. Dormir menos de las horas recomendadas (en promedio 8 horas) o tener un sueño no reparador dificulta este proceso y aumenta la vulnerabilidad de las células cerebrales.
  • Falta de estimulación cognitiva y social. Mantener el cerebro activo es clave para proteger la memoria y otras funciones cognitivas. Actividades como resolver problemas, practicar matemáticas, aprender un nuevo idioma o un oficio estimulan las conexiones cerebrales. Además, una vida social activa también reduce el riesgo de deterioro cognitivo, por lo que la ausencia de interacción social se considera un factor de riesgo para el Alzheimer.
  • Antecedentes de traumatismos craneales. Haber sufrido golpes o lesiones en la cabeza se asocia con mayor riesgo de desarrollar demencia, ya que algunos de los cambios que suceden en las células del cerebro son similares a los que ocurren en el Alzheimer.

Edad. El riesgo aumenta significativamente a partir de los 65 años. Aunque el envejecimiento es un factor clave, la demencia no es parte normal de la vejez.

Genéticos. Estos, al igual que la edad, son factores «no modificables» (inherentes a la persona)

  • Herencia: cuando varios miembros de una familia presentan Alzheimer, suele aparecer a edades más tempranas y progresar con mayor rapidez.
  • Genes de riesgo: existen variantes genéticas que pueden influir en el riesgo y en la progresión del Alzheimer; hasta ahora se han identificado al menos 75 cambios genéticos asociados con la enfermedad. Algunas variantes son bien conocidas, como el APOE-e4, mientras que otras siguen en estudio. Estos factores no son modificables, pero pueden interactuar con los que sí dependen de nosotros. Por ejemplo, dos personas de la misma edad, sin antecedentes familiares de demencia y con estilos de vida muy similares (alimentación, actividad física, ambiente), pueden tener desenlaces distintos: una desarrollar Alzheimer y la otra no. Esta diferencia puede explicarse por los distintos factores genéticos individuales.
  • Síndrome de Down: mayor riesgo porque el gen que produce proteína amiloide está en el cromosoma 21, del cual tienen una copia extra.

No existe forma de prevenir completamente el Alzheimer, pero sí podemos disminuir el riesgo o retrasar la aparición de los síntomas:

  • Controlar presión arterial y glucosa.
  • Mantener un peso saludable.
  • Evitar tabaco y alcohol.
  • Dormir en promedio 8 horas de forma reparadora.
  • Alimentación saludable: rica en frutas, vegetales, granos integrales, pescado, pollo, leguminosas, nueces y grasas saludables.
  • Limitar grasas saturadas, carne roja y azúcares.
  • Cuidar la salud mental.
  • Actividad física: al menos 150 minutos por semana combinando ejercicios aeróbicos y de fuerza.
  • Mantener vida social activa.
  • Estimular la mente con retos, aprendizaje de idiomas, juegos de mesa, lectura o cursos.
  • Proteger la audición y tratar problemas auditivos.
  • Evitar golpes en la cabeza (usar casco, cinturón de seguridad, prevenir caídas).

Los cambios en el cerebro pueden iniciar hasta 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles, por eso, el diagnóstico temprano es fundamental. En promedio, una persona con Alzheimer puede vivir entre 4 y 8 años desde el diagnóstico, aunque esto varía en cada persona, pudiendo sobrevivir incluso hasta 20 años, reflejando la progresión incierta de la enfermedad.

Ante la sospecha de demencia o deterioro cognitivo, es importante acudir con un médico. Los especialistas capacitados para la evaluación de las demencias, incluido el Alzheimer, son principalmente el Geriatra, Neurólogo y/o Psiquiatra. En ciertos casos, la valoración por un Genetista resulta clave, especialmente cuando existe un fuerte antecedente familiar de demencia o cuando se sospechan causas poco frecuentes. En estas situaciones, el análisis genético puede brindar respuestas sobre las posibles causas o identificar si se trata de una mutación que podría heredarse dentro de la familia

Además de las recomendaciones para reducir riesgos, existen medicamentos que ayudan a regular los síntomas y, en los últimos años, se han desarrollado distintos fármacos capaces de ralentizar la progresión. Por lo que detectarla a tiempo es más importante que nunca. Para ello se utilizan estudios que miden las proteínas clave en la EA: Tau y Amiloide (ver sección Nuevos diagnósticos y tratamientos en Alzheimer – Proximamente).

El Alzheimer es una enfermedad compleja que, aunque no puede prevenirse por completo, cuenta con estrategias para reducir riesgos y retrasar su progresión. Si bien aún no existe una cura, un diagnóstico temprano ya permite acceder a medicamentos que ayudan a ralentizar la evolución, mejorando la calidad de vida y prolongando los años útiles de las personas que la padecen.


💬 Cuéntame tu opinión o tus dudas en los comentarios.
👉 Si necesitas una orientación más personalizada, agenda una consulta.


© [2025] draadrianapgs.com · Imágenes: Canva & BioRender · No reproducir sin autorización


  1. 2025 Alzheimer’s disease facts and figures. Alzheimers Dement. 21, e70235 (2025).
  2. Preventing Cognitive Decline and Dementia: A Way Forward. (National Academies Press, Washington, D.C., 2017). doi:10.17226/24782.
  3. Tari, A. R., Walker, T. L., Huuha, A. M., Sando, S. B. & Wisloff, U. Neuroprotective mechanisms of exercise and the importance of fitness for healthy brain ageing. Lancet Lond. Engl. 405, 1093–1118 (2025).
  4. Makin, S. The future of Alzheimer’s treatment. Nature 640, S4–S6 (2025).